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Beige and chocolate brown

If the world was ever reduced to an empty castle in the Tuscany, and we both arrived to a party none else showed up to; I know we would dance to the music in our phones, doing the best of what we have. As we always do. I know we would recognise the same wolf in the calcium of our bones. We are minerals from a same asteroid  Two tones of the same color Proud of the craft we reached from the same starting spark. we are Adam and Eve in a modern paradise none realises to habitate  but everyone lives in.

Postguerra

Mi padre me pregunta: “Eduardo, ¿de dónde sacas el tiempo para hacer tantas cosas?” Y yo le explico que vivo como se come en casa de la abuela: con ansia, como si les fueran a quitar la comida, como si me fueran a quitar la vida, porque tarde o temprano me la van a quitar.

Diver

Si resulta que vivo buscando un ideal inalcanzable, una utopía de la que ni yo estoy a la altura. Si mis días se agotan y se ahogan en la prisa, la urgencia y la ojera, y en noches que avanzan densas hacia un amanecer de lino y un sol que no calienta la piel. Cuando vengas a buscarme te abrazaré y te diré  que ha sido divertido, y te daré las gracias por el regalo. Te devolveré el folio en blanco con el color de la hoja intacto, y te hablaré de la idea que le conté a la luna, y abandonó sus rocas,  su luz y su baile, para acompañarme a buscarla.

Niño apátrida

Niño apátrida, Arrancado de su tierra como las flores en primavera. Lejos de su bandera, de azul blanco y arena. Todos los muebles entraron al camión de mudanzas, pero faltaron la sal y la espuma. Ahora camina descalzo, buscando el tacto en la suela de los granos de tierra que traigan de vuelta una playa en noviembre, una orilla desierta. No quedan huellas en el asfalto, no hay un camino marcado entre la prisa y la urgencia, ni semáforos entre mi calle y el paseo. Otro tutor del núcleo familiar, con un pecho que sube y baja constante hasta que consigo calmarme y entender que todo pasa. Falta una habitación en mi casa a la que todos están invitados pero a veces se olvidan de ir. Siento un miembro fantasma cada vez que voy caminando por los barrios de Madrid.

La casa de mi abuela

  Macetas de terracota. Velas, humo y leña. Una cocina de gas que calienta leche en una cazuela de acero y agua en una olla porque la caldera se ha vuelto a estropear. Hace frío pero no estamos tristes. O al menos yo no me doy cuenta. Nos balanceamos en unos columpios que amagan desanclarse del suelo porque mi abuelo ha querido mostrar la hombría que sí tiene con las habilidades que no. En el garaje huele a óleo y serrín, y se acumulan cuadros de marinas y bodegones con casetas para pájaros hechas a mano. Yo no sé si tenemos dinero para comprarlas, y tampoco me importa. La verdad, ni siquiera pienso en ello. Me gusta ver a mi abuelo pintando y a mi tío construyendo. El campo está verde y todos sabemos donde vamos sin usar nombres de calles: donde Pili, a los ciegos, campo Ana, la charca de las ranas. Sin embargo, yo no sé quién soy ni a donde voy, pero tampoco me importa. Solo me preocupa que me toque la pala que conserva ambas gomas jugando al ping-pong, y ni siquiera eso me preoc...

Mala memoria

No quiero ser una víctima. No quiero vivir pensando que el mundo me lo puso difícil, que no se me dio, que fue lo que había, que es lo que hay. No quiero decir que me pasé la vida esperando. Que nunca dejé de ser preso de mi pasado, que no he sabido brillar por mi mismo. Que no he aprendido a confiar en el tiempo.  No quiero morirme sin haber aprendido a hacer bien el análisis. Sin saber mirar a las ventajas, y los inconvenientes, y decidir sin revolcarme luego en la pena de las consecuencias cuando se diluya el placer de la chispa. Cuando vea la sangre brotar, pensaré: “esto ya lo sabía”, con la misma resignación que se paga el alquiler y se obedece al despertador.   No quiero irme sin haber vivido. Ni estar sin experimentar, sin descubrir, sin conocer el tacto de las cosas, el sonido de las cosas, el olor de las cosas, el sabor de las cosas, la forma de las cosas. No quiero comparar cada momento con otro anterior y juzgarlo en un ranking capitalista de la felicidad y el...

Chirrido