Mala memoria
No quiero ser una víctima. No quiero vivir pensando que el mundo me lo puso difícil, que no se me dio, que fue lo que había, que es lo que hay. No quiero decir que me pasé la vida esperando. Que nunca dejé de ser preso de mi pasado, que no he sabido brillar por mi mismo. Que no he aprendido a confiar en el tiempo.
No quiero morirme sin haber aprendido a hacer bien el análisis. Sin saber mirar a las ventajas, y los inconvenientes, y decidir sin revolcarme luego en la pena de las consecuencias cuando se diluya el placer de la chispa. Cuando vea la sangre brotar, pensaré: “esto ya lo sabía”, con la misma resignación que se paga el alquiler y se obedece al despertador.
No quiero irme sin haber vivido. Ni estar sin experimentar, sin descubrir, sin conocer el tacto de las cosas, el sonido de las cosas, el olor de las cosas, el sabor de las cosas, la forma de las cosas. No quiero comparar cada momento con otro anterior y juzgarlo en un ranking capitalista de la felicidad y el consumo en el que es euforia o bien pero casi. No quiero volver a enfadarme porque mis padres vuelvan a actuar de la misma manera, ni ofrecerle a Sísifo subir su piedra. No quiero marcharme sin sentir el amor propio de tomar la decisión difícil, ni convertirme en ceniza sin confiar en mi instinto confundiéndolo con capricho y volví a cometer los errores que aprendí en casa.
No quiero quedarme sin ver la paz en un momento vacío. Ni sin saber hacer equilibrio entre practicar lo aprendido o equivocarme en una vida que vivo por primera vez, de años que vivo por primera vez, y meses y semanas y días que vivo también por primera vez aunque a veces parecen los mismos. No pienso quedarme a ver cómo me roban las horas de sol. No quiero tambalearme dudando del sentido de cada puta cosa a la que le doy sentido y acabar llorando porque nada lo tiene. No quiero pasar sin aprender a no hacerlo bien, y reírme de mí mismo por no hacerlo, y de lo ridículo que soy, ni mucho menos, sin pensar que otros no lo son. No quiero volver a ver la misma película por decisión propia y quejarme de lo poco que me sorprende el argumento. Y aún así, sé que puedo vivir una vida de primeras veces, siempre he tenido muy mala memoria.
Comentarios
Publicar un comentario