La casa de mi abuela
Macetas de terracota. Velas, humo y leña. Una cocina de gas que calienta leche en una cazuela de acero y agua en una olla porque la caldera se ha vuelto a estropear. Hace frío pero no estamos tristes. O al menos yo no me doy cuenta.
Nos balanceamos en unos columpios que amagan desanclarse del suelo porque mi abuelo ha querido mostrar la hombría que sí tiene con las habilidades que no. En el garaje huele a óleo y serrín, y se acumulan cuadros de marinas y bodegones con casetas para pájaros hechas a mano. Yo no sé si tenemos dinero para comprarlas, y tampoco me importa. La verdad, ni siquiera pienso en ello. Me gusta ver a mi abuelo pintando y a mi tío construyendo.
El campo está verde y todos sabemos donde vamos sin usar nombres de calles: donde Pili, a los ciegos, campo Ana, la charca de las ranas. Sin embargo, yo no sé quién soy ni a donde voy, pero tampoco me importa. Solo me preocupa que me toque la pala que conserva ambas gomas jugando al ping-pong, y ni siquiera eso me preocupa demasiado.
Cada noche salimos a pasear y ver las estrellas. Con linternas y Luna bien atada, para no perderla. Solo sabemos reconocer la Osa Mayor y aún así, cada noche me vuelvo a sorprender al encontrarla. Ahí, ahí está. Todo es nuevo por muchas veces que se repita. Toda la ropa me gusta por mucho que ya la heredasen mis tíos. Todos pertenecemos sin esfuerzo.
Hay tomates en el invernadero y ciruelas y peras en los árboles, y si volvemos a pisar las rosas, probablemente nos dejen sin helado. Han desaparecido las ranitas de San Antón que cogimos ayer en la charca, y no somos capaces de idear un sistema que actúe de pestillo para una habitación que los primos llamamos “el club”. El club está lleno de telarañas y libros roídos que me parecen aburridísimos y hoy moriría por recuperar, pero no nos importa, lo sentimos nuestro, nuestro es suficiente.
No hay cobertura ni televisión. Por la noche charlamos en el porche. Los mayores leen o juegan al mus o piensan. No sé en qué piensan. Ni tampoco me importa. Nada importa ni deja de importar, solo estoy. Estoy a salvo.
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