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Mostrando entradas de octubre, 2023

Apilar las sillas

Con los ojitos llenos de mañana, y la boca repleta de peros. Otra historia increíble que se quedó a medias, Y una Penélope anónima ha olvidado a quien espera En el muelle de san Blas. Perder la bolsa y la vida, el tiempo, la cordura, la costumbre, las llaves del piso que no habitaremos. Morir sin descendencia como mi padre, podar el árbol de nuestras cenizas, en otro mundo, pero a tu lado. Bailamos hasta sacudir la noche de la ropa, y los colores del tiempo presente, dos acordes armónicos, disonantes en alguna manera que ni ellos mismos  llegan a entender.  Ya casi me he rendido, levanto la bandera blanca y paso a recoger mi trofeo de perdedor. Toca barrer el confeti de la fiesta celebrada antes de tiempo, limpiar algunos vómitos, apilar las sillas enfrentadas, y echar el cerrojo del local abandonado. Y todo ello: sin música.

Pa volvernos a amar

Estoy cansado de bajar los brazos, de llevar en la mirada un folio emborronado, aguas turbias y dados en los que nunca sale par, y un mapa por dibujar entre el mar de los ahogados en su propia sal, lleno de incógnitas que nadie me enseñó a despejar. Ni por ti mato ni sin ti me muero, aunque a veces así se sienta. ¿Es esta la marquesina hacia buen puerto O todavía toca caminar? Parpadean las pilas de esta linterna. Todo me da vueltas. Creo que voy a vomitar. Me retuerzo en un exorcismo atávico, y me disculpo al agua caliente en la oscuridad, acariciando mi piel como lo harían tus manos, catártico en un ballet moderno, ya ha bailado todas las progresiones de acordes de flamenco, la llama de esta vela que he puesto pa intentarte olvidar. No oigo voces, pero aquí arriba gritan, y se vuelve insoportable mi propia compañía. Llego al final del día con la mirada fija en la silla vacía, y un ácido sabor a hierro en la boca, por más que me gire, no hay nadie en la otra esquina. Es la vida entera...