Apilar las sillas
Con los ojitos llenos de mañana,
y la boca repleta de peros.
Otra historia increíble que se quedó a medias,
Y una Penélope anónima ha olvidado a quien espera
En el muelle de san Blas.
Perder la bolsa y la vida,
el tiempo, la cordura, la costumbre,
las llaves del piso que no habitaremos.
Morir sin descendencia como mi padre,
podar el árbol de nuestras cenizas,
en otro mundo, pero a tu lado.
Bailamos hasta sacudir la noche de la ropa,
y los colores del tiempo presente,
dos acordes armónicos,
disonantes en alguna manera que ni ellos mismos
llegan a entender.
Ya casi me he rendido,
levanto la bandera blanca
y paso a recoger mi trofeo de perdedor.
Toca barrer el confeti
de la fiesta celebrada antes de tiempo,
limpiar algunos vómitos, apilar las sillas enfrentadas,
y echar el cerrojo del local abandonado.
Y todo ello: sin música.
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