Como un cuello muy débil para soportar una cabeza

Te extraño.

No de la forma sensible y delicada del principio,

no como un ballet entre trinos y tresillos de piano,

Ni como una caricia, un susurro, ni una brisa de verano.

Más bien, te extraño

como la columna de agua entre tú y la superficie

cuando ya estás sin aliento.

Como el ambiente viciado y cargado

en un club de fumadores.

Te extraño como las manchas de café 

En las páginas de un libro heredado.


Te extraño como el granito sin pulir en unos brazos enclenques,

Como el latido desacelerado que sacude un cuerpo entero,

Te extraño en metales pesados

y besos en la frente en mitad de un berrinche.


Te extraño como unir las fotos rotas,

Como el ansia de recuperar las cartas quemadas,

Como la niebla que me envuelve.

Te pienso y te extraño.

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