Vomitar

 Los hijos del milenio. Ni siquiera los del centenario, que ya estaría bien, un evento memorable cada 3-4 años como un mundial. No, niños millennials. Pensad en la secuela, hasta dentro de más de 900 años no va a haber millennials 2, y nosotros ya solo seremos una película de esas que se ven tan mal que acabas haciendo pereza para ver. 

Un milenio entero para nombrarnos. Una generación de ese niño tímido al que de repente le sueltan en un escenario enorme y todo el mundo espera que sepa ser el protagonista. Pues mira mamá, no sé.


Si me queda algo claro, cada vez que hablo con amigos sobre cómo se sienten es que todos estamos asustados, y los que no lo están es que no tienen tiempo para estarlo o pasan por una buena racha en la que saben mentirse suficientemente bien a sí mismos. 


Y es que pensadlo un momento, nuestros padres, niños de la dictadura, pobres como ratones, hermanos de familias numerosas y camisetas heredadas, han levantado todo esto, y lo han hecho sin tiempo. Sin tiempo de pensar en cómo se sentían, sin tiempo de descubrir términos como responsabilidad afectiva, ansiedad, apego, depresión o capricho, y lo han hecho para nosotros. No solo lo han hecho para nosotros, nos han dicho que lo han hecho para nosotros. Han creado un parque de bolas gigante y nos han dicho ahora ve y juega, he renunciado a mi vida, más vale que te diviertas.


Y yo cómo sé que me estoy divirtiendo bien, a ver. Se espera mucho de mí, pero ni siquiera sé bien el qué. Simplemente haz cosas. ¿Qué cosas? No sé, cosas grandes, cosas bonitas, cosas para hacer sentir orgulloso, para sentirte orgulloso tú. Cosas que se vean, que las vea el vecino, y que las vean tus jefes, y que las veamos nosotros, al final, mira todos estos recursos a tú alcance, mira lo que hemos sacrificado por ti.


Gana dinero, compra una casa, encuentra pareja, asciende, sube. ¡Míranos! No querrás perder a tus amigos, se están yendo: Múnich, Copenhague, Yakarta, ¿A qué juegas? Se te ha vuelto a olvidar contestar al WhatsApp. Parece que a la gente sí le interesa oír hablar de trabajo, ¿por qué a ti no? Hay algo mal contigo. No nos llamas. ¿De verdad necesitas eso? ¿Otra vez con el móvil viendo una peli? Planifica las comidas, ¿has visto a tu padre? Mejor ve al gimnasio. No has felicitado el cumpleaños. Haz lo correcto. Busca hobbies. Sequía, inflación. Sé un hombre de alguna manera inespecífica sobre la que nadie se pone de acuerdo. No vayas al psicólogo. Deja de preocuparte tanto, bienvenido al mundo de los adultos. 


Y yo cómo sé qué es lo correcto. Cuánto es mucho, cuánto es poco, cuánto es suficiente. Cuándo. Qué es normal, qué no, cuántos problemas tienen los demás, qué tan mal gestiono yo los míos. ¿Estas expectativas son irrealistas o debería conformarme? Práctico o soñador, trabajar en banca o en energías renovables, cuántas veces se puede empezar de 0, plantarse o ir a por el millón, y si no hay nada al otro lado. Ni dañar ni sufrir, ni otro ataque de ansiedad a ser posible, otra broma. Todos han perdido las ganas o yo tengo demasiadas. Pico de dopamina, valle de dopamina. Sertralina. ¿Puede dejar de irse la gente de Madrid? Subirse al tren, bajar del avión, completar los 20, o no, no sé, no lo tengo claro, y quién sí.


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