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Mostrando entradas de diciembre, 2018

El último poema de dos mil dieciocho

"No tengo que renacer de mis cenizas, no se equivoquen conmigo, que yo soy el maldito fuego." -David Sant Que en el último combate fui rebotando de esquina a esquina del cuadrilátero, como alguien que no compite en su categoría, bueno, eso ya lo saben todos. Que todos los ruidos parecían sordos frente al estruendo del aplauso, que el mejor golpe es la arrogancia del pesaje, o todos los colores se apagaron, mohosos, cuando dejaron de alumbrarlos los focos. Que la inalcanzable altura del ring contrasta con la insoportable normalidad de la colada, que el cinturón deja de valer cuando ves jovencitos pelear por lo que un día sentiste que te pertenecía. Que rendirse es otra fase del duelo, aunque no abandonarse al cese de los golpes, o que no puedes reinventar la rueda, pero sí la madera que la dibuja, bueno, de esto me di cuenta un poco tarde. Hacer del circo un hogar, y de las ruinas un museo. vaciar los bolsillos, vivir ...