Envuelto en llamas
Tu inocencia me desarma,
como un niño ante un toro resabiado,
nunca debiste salir del burladero,
y sin embargo aquí estás,
disfrazada de mujer,
pensé que se habían extinguido
los corazones enteros.
Me miras, como si fuera un juego,
tan fácil como andar sin pisar las juntas,
como si uno más uno siguieran sumando dos,
te adentras como si vieras el fondo,
sin miedo a que nada te roce la pierna.
No necesitas ninguna otra compañera,
yo puedo pelear, me dices,
mientras agitas tu espada de madera,
y mis heridas parecen sanarse
ante tu amenaza guerrera.
Coges mi brazo como si quisieras quedarte,
haciendo oídos sordos a mi evidente
manojo de truenos y ojos cerrados,
sin conocerme epicentro del desastre.
Hablas como quien no tiene nada que esconder,
y eso es lo que más me llega a asustar,
que yo nunca supe brillar sin estar envuelto en llamas,
que te tenga en frente y me observes,
como si no hubiera nada que perdonar.
Comentarios
Publicar un comentario