Cuidarse en horas bajas

Mírame a los ojos y dime qué ves,
no quedan pizcas de autocompasión
en estas orillas de petróleo.

Conozco mi sitio, mi mimbre, mi trono,
no tengo miedo de estar asustado,
ni pena de estar triste.

Con un par de dados siempre en el bolsillo,
encomiendo este barco a la deriva,
como un prejubilado en sus horas muertas,
y el hambre de no caer con su puesto.

Voy a querer hasta paliar el deber.
El primer grano barrido del desierto,
el frío siempre me hizo querer abrazarte,
y el calor: salir huyendo.

Que ni tengo ni quiero
autoridad que no me concedan tus manos,
que no vuelo bajo para predecir tormenta,
ni me ahogo en más vasos medio vacíos
de agua de grifo o de pantanos.

Que no hay lujo que necesite,
ni impulso que no esté dispuesto a coger,
que fui bueno subiendo y ahora,
todas estas manos,
más las mías al agarrarme,
no me dejan caer.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Postguerra

Beige and chocolate brown

Diver